
Hace unos meses fui a un meetup de Bitcoin en Guatemala. No iba con ninguna expectativa particular, más allá de escuchar a quien dirigía la conversación esa noche, un autor que llevaba años escribiendo sobre el espacio. Estaba con su pareja, y en algún momento de la noche terminamos en una conversación larga, de esas que se desvían sin que uno se dé cuenta.
En algún punto me contaron, que habían empezado a invertir en Paraguay.
Reconozco la reacción que tuve porque la he visto mil veces en reuniones de la industria. La misma que Latinometrics describió esta semana en un post sobre la Bolsa de Asunción, cuando citó la pregunta que les escribieron sus lectores: ¿Invertir? ¿En Paraguay? No lo dije en voz alta, pero lo pensé. Mientras ella me explicaba con calma por qué lo hacían, me di cuenta de algo incómodo: nunca había mirado a Paraguay en serio.
Esa noche empecé.
Lo que me contaron esa noche no era la versión turística del país. Era una mezcla muy específica de tres cosas: una carga tributaria baja y plana, un entorno regulatorio amistoso con activos digitales, y un mercado inmobiliario con dinámicas que en otros países de la región ya no existen. Tres argumentos que, escuchados desde adentro por alguien que ya había movido capital, sonaban menos como tesis y más como ejecución.
Cuando volví a casa y empecé a leer, encontré la confirmación estructural. En diciembre de 2025, S&P subió la calificación soberana de Paraguay a BBB-, otorgándole su segundo grado de inversión después del que ya había recibido de Moody's en julio de 2024. Para los fondos institucionales grandes, ese segundo notch no es decoración. Es la línea que separa "watchlist" de "elegible". Es la diferencia entre que el dinero global de largo plazo pueda entrar legalmente o no.
La carga fiscal es lo que más llama la atención de cualquier operador. Paraguay mantiene tasas planas de 10% en corporativo, renta personal y IVA. Para comparar: la tasa corporativa efectiva en Brasil ronda el 34%. En Colombia la tarifa general subió a 35% en 2022 y, para las entidades financieras, se eleva a 40% con la sobretasa vigente hasta 2027. Cuatro veces la tasa paraguaya, en el sector que más nos importa. No es un detalle. Es una decisión estructural que cambia la matemática de cualquier modelo financiero que uno pretenda armar en la región.
El gráfico que publicó Latinometrics muestra algo que en la industria muy pocos están comentando con la seriedad que merece. Entre 2019 y 2024, la inversión extranjera directa acumulada de Brasil en Paraguay fue de USD 944 millones. Las Islas Caimán, llegaron a USD 403 millones. Estados Unidos, USD 355 millones. Chile, USD 274 millones. Brasil duplicó a las Caimán y casi triplicó a Estados Unidos.
El detalle importa porque rompe una idea cómoda: que los flujos de capital hacia la región los dicta el dinero offshore o el norte. En el caso de Paraguay, el capital regional ya tomó posición primero. La adquisición de BBVA Paraguay por Grupo Gilinski en 2021 por USD 250 millones, la compra del 50% de Barcos y Rodados por Raízen por más de USD 120 millones el mismo año, y decenas de operaciones más pequeñas que casi no se cubren en medios internacionales, dibujan un patrón. El capital latinoamericano ya entendió la tesis. Está construyendo la próxima capa de servicios financieros sobre un mercado que el resto todavía describe como frontera.
Mientras escribo esto, la Bolsa de Valores de Asunción está atravesando la transformación estructural más importante de sus casi cincuenta años. En 2025 cerró con un volumen negociado récord de USD 8.063 millones, contra USD 6.580 millones en 2024. Sumó casi 15 mil comitentes nuevos en un solo año, llevando el total a más de 51 mil inversionistas activos, de los cuales el 80% entró al mercado desde 2020. Crecimiento bursátil del 30 al 40% anual sostenido durante varios años, en un mercado que prácticamente nadie en la región seguía de cerca.
Pero el dato que mueve el tablero es otro. Desde el 12 de enero de 2026, la BVA opera oficialmente sobre tecnología Nasdaq, con las funciones de negociación, compensación y liquidación separadas por primera vez bajo estándares internacionales. La custodia y liquidación pasaron a CAVAPY, la Caja de Valores del Paraguay, sobre la plataforma global Montran. Eso, en términos prácticos, significa que el modelo integrado anterior, incompatible con los criterios que exigen los inversionistas institucionales internacionales, fue retirado. La infraestructura ahora cumple con lo que un fondo grande necesita ver antes de mover capital a un mercado.
Si uno suma ese cambio técnico con la nueva Ley de Mercado de Valores 7572/2025, la segunda nota de grado de inversión que llegó en el mismo mes de diciembre, y un mercado de capitales que ya custodia instrumentos por aproximadamente USD 2.600 millones, no se está describiendo un país que se prepara. Se está describiendo un país que ya terminó de prepararse y está abriendo la puerta.
Hay algo más, y es lo que terminó de cerrarme el caso. Uno de los desarrolladores inmobiliarios más grandes de Guatemala lleva años construyendo en Paraguay. No un proyecto piloto, no una operación experimental. Construyendo. Mientras yo no había mirado el país una sola vez en serio, gente que conozco de mi propio entorno ya había decidido que ahí valía la pena poner ladrillo durante años. Esa es la naturaleza de este tipo de jugadas: los que entienden no anuncian, ejecutan. Por la frecuencia con la que uno se encuentra esta historia repetida en distintos rubros, queda claro que el patrón no es una excepción regional. Es la regla que la mayoría no ha sabido leer.
La conversación de aquel meetup empezó por Bitcoin, no por brokerage. Pero las dos cosas comparten un mismo subsuelo. Paraguay produce mucha más electricidad de la que consume, gracias a Itaipú y a sus otras dos hidroeléctricas. Esa energía excedente, vendida durante décadas a Brasil y Argentina a precios subsidiados, es la misma que llevó a HIVE Digital a expandirse a 400 MW de capacidad minera en territorio paraguayo, la operación de su tipo más grande del país. Es la misma que tiene a Marathon, KULR y Sazmining instalando granjas hidroeléctricas en suelo guaraní a costos de electricidad cercanos a USD 0.05 por kWh.
El paralelismo con la industria de brokers no es directo, pero sí instructivo. Los mineros llegaron a Paraguay porque encontraron una combinación específica: insumo barato, un marco regulatorio que no los hostiga, estabilidad política sostenida durante décadas por el mismo partido pro-empresa, y un Estado que entendió antes que muchos que el dinero serio responde a reglas predecibles.
Aquí toca ser preciso, porque la industria nuestra vive de los matices. Paraguay sí cuenta con un regulador, la Comisión Nacional de Valores (CNV), que supervisa al mercado de valores local, las casas de bolsa y los emisores. Pero la CNV no emite hoy una licencia específica para brokers de Forex y CFDs en el sentido que sí lo hacen CySEC en Chipre, ASIC en Australia o la FCA en el Reino Unido. Los paraguayos que operan CFDs lo hacen, mayormente, con brokers regulados en el exterior. Eso no es un defecto del análisis, es parte del análisis.
Lo interesante es que esa ausencia de licencia local no ha impedido que la industria internacional ya tenga gente en el terreno. Deriv, uno de los brokers globales más grandes en derivados retail, opera desde hace años dos oficinas en Paraguay: una en Asunción y otra en Ciudad del Este. Son centros operacionales para servicio al cliente, marketing y desarrollo enfocados en LATAM. No son entidades licenciadas por la CNV, pero son ladrillo, gente y nómina ya instalados. Cuando una firma global pone equipo permanente en un país antes de que exista licencia local, está ocupando posición. Eso es lo que se hace cuando uno sabe lo que viene.
Paraguay no es un mercado de brokerage maduro. Es un mercado donde la base retail dolarizada existe, donde la nueva Ley de Mercado de Valores 7572/2025 acaba de modernizar el marco bajo la supervisión del Banco Central, donde la bolsa local ya migró a tecnología Nasdaq, donde el grado de inversión doble ya está, y donde el regulador todavía no ha cerrado el modelo de cómo se va a operar localmente la próxima generación de instrumentos. Esa fase, la del marco a medio construir, es exactamente la que define quién entra a tiempo y quién llega tarde. Quien tenga claro lo que quiere construir cuando la regulación se complete, se posiciona ahora.
Paraguay tiene 6.7 millones de habitantes. El tamaño absoluto del mercado retail es pequeño comparado con México o Colombia. Pero el costo de instalar relaciones, equipo, marca y entendimiento operativo hoy es radicalmente distinto al costo de hacerlo en cinco años, cuando los grandes jugadores regionales ya hayan repartido el espacio. Los brasileños lo saben. Los colombianos lo están aprendiendo. Los gringos, como siempre, llegan después.
Lo que más me quedó de aquella conversación en Guatemala no fue ningún dato técnico. Fue la naturalidad con que ella habló de Paraguay. No lo presentaba como apuesta especulativa ni como descubrimiento exótico. Lo hablaba como quien ya cerró el análisis. Esa naturalidad, en el mundo financiero, casi siempre es la señal más confiable de que algo está bien adelantado y mal cubierto.
La pregunta interesante no es si Paraguay merece atención. Esa pregunta ya tiene respuesta en la calificación de S&P, en los flujos de FDI brasileños, en las 60 granjas mineras instaladas, en la adquisición de BBVA, en la bolsa que acaba de migrar a Nasdaq, en las oficinas de Deriv en dos ciudades paraguayas, y en los desarrolladores guatemaltecos que llevan años construyendo allá sin pedirle permiso a la opinión pública. La pregunta interesante es cuántos en la industria latinoamericana van a seguir tratándolo como nota al pie hasta que el espacio ya esté tomado.
Yo me equivoqué una vez al subestimarlo. Una conversación casual fue suficiente para corregir el rumbo. Quizás esta nota lo sea para alguien más.