
ByteDance, la matriz china de TikTok, solicitó al Banco Central de Brasil autorización para operar como fintech de pagos y crédito, según dos fuentes con conocimiento directo del proceso citadas por Reuters. Si las licencias se aprueban, TikTok podría ofrecer cuentas digitales prepago, recibir y enviar dinero dentro de la app, y extender crédito a sus usuarios brasileños, todo sin salir de la plataforma. La solicitud involucra dos habilitaciones regulatorias distintas, y ninguna de las dos convierte a TikTok en banco.
La primera es la de emisor de dinero electrónico, que en Brasil permite ofrecer cuentas prepago donde los usuarios pueden mantener saldo, recibir transferencias y hacer pagos dentro del ecosistema de la app. La segunda es la de sociedad de crédito directo (SCD), una figura regulatoria que autoriza a una entidad a prestar su propio capital o a funcionar como plataforma que conecta prestamistas con prestatarios, pero sin captar depósitos del público. Es, en términos operativos, la estructura que usan muchas fintechs de crédito en Brasil para operar fuera del perímetro bancario tradicional, con supervisión del Banco Central pero sin la carga regulatoria de un banco completo.
Los números de TikTok en Brasil hablan por sí solos: 131 millones de usuarios adultos a finales de 2025, con alcance publicitario que cubre al 80% de la población adulta del país, según DataReportal. No es una plataforma buscando construir una base de usuarios desde cero. Es una plataforma que ya tiene la distribución y está buscando qué hacer con ella.
El movimiento no surge sin contexto. Liao Baohua, responsable global de pagos de ByteDance, se reunió en Brasilia con Gabriel Galípolo, presidente del Banco Central de Brasil, el mismo día en que Reuters publicó la noticia, según la agenda pública del regulador. Esas reuniones de alto nivel con el regulador no son casuales: son parte del proceso por el que cualquier actor internacional serio calibra el terreno antes de comprometer capital y estructuras operativas en un mercado nuevo.
ByteDance ya tiene modelo de referencia propio. Lanzó Douyin Pay en China en 2021, integrado en la versión local de TikTok, compitiendo directamente con Alipay y WeChat Pay en el soporte al comercio electrónico dentro de la plataforma. El intento de replicar algo similar en Indonesia en 2023 terminó con restricciones regulatorias que bloquearon el procesamiento directo de transacciones, obligando a la empresa a buscar alianzas locales. Brasil es, en ese sentido, otro intento de construir infraestructura financiera propia fuera de Asia, en un mercado donde la regulación fintech es sofisticada pero también ha demostrado ser receptiva a nuevos modelos.
La comparación con Nubank que circula en la cobertura del tema tiene lógica superficial pero se queda corta. Nubank construyó su negocio desde cero con la adquisición de clientes como objetivo central, sin base de usuarios preexistente y con un producto financiero como ancla de la relación. TikTok tiene la relación primero, con cientos de millones de interacciones diarias, y quiere agregarle la capa financiera. Son apuestas con estructuras de riesgo muy distintas: Nubank tuvo que construir la confianza financiera desde cero; TikTok tiene que convencer a usuarios que ya la conocen como app de entretenimiento de que también le confíen su dinero.
Para el ecosistema fintech brasileño, la pregunta operativa no es si TikTok puede conseguir las licencias. Brasil ha aprobado licencias SCD e IP a centenares de fintechs en los últimos años. La pregunta es qué hace con ellas. Si el objetivo es monetizar el comercio dentro de la plataforma y pagar a creadores de contenido, el caso de negocio es claro y el riesgo regulatorio es manejable. Si la ambición es construir un producto de crédito masivo con 131 millones de usuarios como base potencial, la conversación con el Banco Central se vuelve considerablemente más compleja, y el historial de TikTok en Indonesia muestra que los reguladores no siempre dejan pasar esa escala sin fricción.
ByteDance también comprometió el año pasado una inversión superior a 200 mil millones de reales (unos 38.400 millones de dólares) en un centro de datos en Brasil. Eso no es infraestructura para una app de videos. Es apuesta de largo plazo en un mercado que la empresa está tratando como plataforma de expansión regional. Las licencias fintech son la siguiente pieza de esa arquitectura, no una iniciativa aislada.