
Hay una operación que lleva años moviendo dinero hacia América Latina y que casi nunca se cuenta en los términos simples que tiene. Alguien pide prestado en Japón, donde el dinero cuesta casi nada, y lo trae a Brasil o a Colombia, donde rinde mucho. Se queda con la diferencia. Entre el 15 y el 18 de septiembre, los dos extremos de esa operación se mueven al mismo tiempo. De ahí sale todo lo demás.
La mecánica se llama carry trade y se entiende con dos números. El Banco de Japón tiene su tasa de política en alrededor de 1,0%. El Banco Central de Brasil tiene la Selic en 14%. Quien se financia en yenes y compra deuda brasileña se queda con lo que hay en medio, trece puntos porcentuales largos, siempre que el tipo de cambio no se le dé vuelta. Ese diferencial ha sido durante años una de las razones por las que el capital global mira hacia la región, y explica buena parte de por qué el real brasileño y el peso colombiano encabezan las ganancias cambiarias de 2026.
El jueves 17 y el viernes 18, el Banco de Japón se reúne para decidir si encarece ese financiamiento. Kazuo Ueda, su gobernador, ya dijo que la discusión sobre una nueva alza está abierta en todas las reuniones, incluida esta. Los futuros de tasas llegaron a descontar cerca de 99% de probabilidad de que la concrete. La presión no viene solo de adentro. Estados Unidos y Japón intervinieron de forma conjunta el 31 de julio para sostener al yen, que venía demasiado débil. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, se reunió con Ueda el 30 de agosto para pedirle medidas decididas.
Dos días antes, el martes 15 y el miércoles 16, la Reserva Federal decide sobre el otro extremo de la misma operación. Su rango está en 3,50%-3,75% y podría subirlo por primera vez en este ciclo. En julio ya hubo tres votos a favor de hacerlo, de Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan, contra seis que prefirieron esperar. El discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole, a finales de agosto, terminó de inclinar al mercado hacia el alza, aunque la convicción está lejos de ser unánime. Andrew Hollenhorst, economista de Citigroup, sostiene que en julio no hubo consenso para subir y que los datos posteriores, con inflación algo más fría y contratación más débil, tampoco lo construyen. Si la Fed sube, el dólar empieza a pagar más por sí solo. Una parte del dinero que hoy viaja a la región deja de tener razones para hacer el viaje.
El Copom, que es el comité de política monetaria del Banco Central brasileño y cumple el mismo papel que el FOMC en Estados Unidos, sesiona exactamente los mismos dos días que la Fed y camina en dirección contraria. La expectativa predominante del mercado es un recorte de la Selic de 14% a 13,75%, en línea con la mediana del Boletín Focus para el cierre del año. El país lleva meses bajando tasas para reactivar su economía, una decisión razonable desde adentro. Cada recorte, visto desde afuera, achica el mismo premio que trae el capital.
Japón encarece el financiamiento, Estados Unidos sube el rendimiento del refugio y Brasil reduce lo que paga por asumir riesgo, tres movimientos distintos empujando sobre el mismo margen. Cuando esa distancia se comprime rápido, el dinero vuelve a casa, las monedas de la región se debilitan y el ajuste suele ser brusco, porque mucha gente toma la misma decisión en la misma hora. Credicorp Capital ya ubicó el riesgo de nuevas alzas de la Fed entre los factores capaces de provocar esa reversión, junto con el fortalecimiento global del dólar, que acumula cerca de 1,7% de avance en 2026 después de haber caído alrededor de 9,4% durante 2025.
Para las mesas que operan flujo latinoamericano, la coreografía de la semana importa tanto como el resultado. La Fed y el Copom anuncian con pocas horas de diferencia el miércoles por la tarde. Tokio cierra en la madrugada del viernes, con los libros de la región ya abiertos y con menos profundidad de la habitual. Lo que mueve los precios en esas ventanas es la distancia entre lo que el mercado había descontado y lo que el banco central entrega. Esa distancia se procesa en los minutos posteriores al anuncio, cuando la liquidez adelgaza y los spreads se abren, bastante después del segundo en que aparece el titular.
Banxico mantuvo su tasa en 6,50% por unanimidad el 6 de agosto y decide la semana posterior a la Fed, como acostumbra, mientras el Banco de la República dejó la suya en 12,0% el 31 de julio, después del ciclo de alzas que la llevó hasta ese nivel. Brasil recorta, Colombia sostiene una postura restrictiva y México espera. La región tampoco responde como un bloque.
Lo que queda abierto es cuánto margen tiene América Latina para seguir bajando tasas si el mundo desarrollado empieza a subirlas. Brasil va a elecciones presidenciales en octubre, con el debate fiscal ya incorporado al precio del real. Colombia carga su propio calendario político y una liquidez más delgada. Ninguno de los dos ciclos se acomoda al otro por voluntad propia. Esta semana entrega la primera señal de cuál termina cediendo.